Condenan a prisión al responsable de seguridad del centro donde murió un niño en una cámara hiperbárica.

El 31 de enero de 2025, las instalaciones del Oxford Center en Troy, Michigan, fueron el escenario de una tragedia que sacudió profundamente al sector de la seguridad ocupacional y clínica. Thomas Cooper, un niño de tan solo cinco años, perdió la vida en un incendio repentino y devastador dentro de una cámara de oxígeno hiperbárico. Lo que debió ser un entorno terapéutico seguro se transformó en una trampa mortal debido a una simple chispa de electricidad estática en una atmósfera 100% rica en oxígeno. Sin embargo, el verdadero catalizador de este desastre no fue la chispa en sí, sino una cadena de omisiones críticas. A continuación, desglosamos los hechos de este incidente y cómo la falta de una medida de control tan básica como una correa de conexión a tierra desencadenó un evento fatal y completamente prevenible.

Sep 10, 2026 - 10:15
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Thomas se encontraba recibiendo Terapia de Oxígeno Hiperbárico (HBOT) en el Oxford Center para tratar síntomas de TDAH y apnea del sueño. Durante la sesión, el niño se movió y jaló accidentalmente una sábana del colchón dentro de la cámara presurizada. Este simple movimiento generó una chispa de electricidad estática. En un ambiente confinado, rico en oxígeno (100% puro) y altamente presurizado, la chispa provocó un incendio repentino y una explosión que incineró al menor en cuestión de segundos, dejando también a su madre con graves quemaduras mientras intentaba desesperadamente abrir el tanque para salvarlo.

Fallas Críticas en la Seguridad
Desde la perspectiva de la gestión de riesgos laborales y la seguridad del paciente, este incidente representa una negligencia absoluta. Las investigaciones y los testimonios en el tribunal revelaron que el desastre fue completamente prevenible.

El elemento clave que faltó fue una simple medida de control: la pulsera o correa de conexión a tierra (grounding strap). Las normativas de la Asociación Nacional de Protección contra el Fuego (NFPA) y el propio manual del fabricante de la cámara estipulan protocolos de seguridad estrictos que exigen conectar a los pacientes a tierra para disipar cualquier carga de electricidad estática.

En las audiencias judiciales, se descubrió que las correas de conexión a tierra, vitales para el procedimiento, estaban guardadas en un "cajón de chatarra". Además, ex empleados del centro declararon haber advertido repetidamente a la gerencia y a los directivos de seguridad que los pacientes no estaban siendo asegurados con estas pulseras, pero sus advertencias cayeron en oídos sordos.

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